10.12.23

Reseña: CICATRICES BRILLANTES DE ANDREA TOMÉ

 

Título: Cicatrices Brillantes | Autora: Andrea Tomé | Editorial: Nube de Tinta | Precio: 17'95€

 

Creo firmemente que si te dedicas a reseñar, es bueno explicar por qué no te ha gustado un libro. Cicatrices Brillantes, de Andrea Tomé, ha sido una de mis últimas lecturas y la que me ha hecho abandonar la idea de seguir intentándolo con esta autora, algo triste porque sí que disfruté de algunos de sus libros en el pasado.

En esta historia seguiremos a Zoe, una chica en el último curso de bachillerato que intenta dejar atrás la anorexia. Después de un desmayo en la pista de hielo, sus padres deciden llevarla a un centro de día, donde conocerá a otras personas en sus circunstancias y en las que verá aquellas partes que más detesta de sí misma y al mismo tiempo, a las que más se aferra. Zoe tratará de compaginar esta parte oculta de su vida con una más convencional, de fiestas ocasionales, estudios y chicos, sin que nadie se entere de lo que está pasando en su interior.

Empiezan los problemas 

La verdad es que no sé cuál es mi mayor problema con el libro y ni siquiera se si es un problema sólo con este libro o ya se extiende a los demás de la autora. Creo que hablar del TCA en primera persona está bien. Pero llega un punto en el que cuando todos los libros de una persona tocan siempre los mismos temas y utilizan los mismos elementos, ya nada puede sorprender. En el caso que nos ocupa, creo que mi mayor problema con la historia es que no es algo que debiera ser contado solo en 250 páginas. La autora quiere abarcar tantos temas que la mayoría son tratados de una manera tan superficial que resulta casi ofensivo. Y no ya solo eso: es que en tan pocas páginas no puedes pretender que la gente llegue a empatizar con problemas tan complejos como los de la protagonista, no puedes hacer que teniendo tanto bagaje, la gente llegue a comprender y a querer al personaje simplemente porque las descripciones de sus problemas se reflejan de manera tan vaga que choca con la información que se nos da, que nos asegura que es una situación dramática y casi al borde de la muerte.

Personajes que están, pero como si no

Si nos metemos en el plano más personal de la vida de Zoe, ese que habla de familia, estudios y amigos apenas sabemos nada: la única Zoe que conocemos es la del centro de día, donde todo gira en torno a lo que comen, dejan de comer y a la enfermedad. Y entiendo que cuando esté en el centro esto sea así hasta cierto punto, pero no podía dejar de tener la sensación de que a Zoe lo que le define es la anorexia y nada más: a pesar de que ocasionalmente se nos señala en la historia que le gusta la literatura y patinar sobre hielo, es algo que se menciona tan de pasada y tiene tan poco protagonismo en su día a día que es fácil olvidarte de ello. Por supuesto, hay personajes secundarios, lo que pasa es que algunos están ahí pero no sabemos bien por qué, y relaciones que tampoco sabes por qué han empezado porque no ha dado tiempo. La relación de Zoe con Rubén, el interés amoroso, es precipitada como poco, y apenas se ve nada de ella. Además, los dos amigos de Rubén (Gorka y Jorge, habría sido divertido un tercero que se llamara Jordi) sonaban exactamente igual: dos personajes totalmente intercambiables que, entre eso y los nombres, muchas veces se hacía complicado saber quién estaba hablando. En cuanto a los que acompañan a Zoe en el centro de día, hay un elenco prácticamente fijo, pero una vez más sucede lo mismo con algunos de ellos: Marcelo, por ejemplo, es como un fantasma que no se sabe muy bien para que está ahí puesto o que lección pretende transmitir la autora con él. 

TDAH, neurodivergencias y trastornos de la conducta alimentaria 

En la nota de la autora se dice que quería reflejar como afectan los TCA a las personas con TDAH (y neurodivergentes en general) y sinceramente esto es algo que no he visto en la novela en ningún momento. Habrá metido pistas seguro, pero como persona con TDAH no he visto la relación entre ambas cosas, ni ha habido un momento en el que se explique esta relación desde el punto de vista médico. Y es que si: las personas neurodivergentes somos más proclives a desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria, hay estudios y estadísticas que lo avalan, pero en este libro no se entiende la relación entre ambas condiciones de la protagonista porque ni se enseña ni se explica: parecen simplemente dos cosas que conviven en la misma persona por casualidad. No puedes concienciar de algo de lo que no estás hablando, aunque también es importante la manera en la que se enseña, sin caer en ese efecto libro de texto en el que ha acabado cayendo con otras cosas que ha intentado reflejar en la novela. Una pena que aquí no se haga de ninguna de las formas.
Aún así me gustaría decir que si que me ha gustado que la anorexia de Zoe no fuera la anorexia nerviosa que vemos siempre representada: Zoe no está al mismísimo borde de la muerte, tiene un peso casi aceptable y es que el mito de que para tener anorexia tienes que tener un grave infrapeso es muy dañino. No obstante, la autora tampoco acaba de profundizar en ello y solo es un dato más aleatorio entre tantos otros que nos da sobre la protagonista.


Estoy segura de que habrá muchos lectores que disfruten de las páginas de Cicatrices Brillantes e incluso se sentirán reconfortados y acompañados con una historia así, pero yo no he sido uno de ellos. En general, la sensación que me ha dejado esta novela es de escasez y superficialidad, exactamente la misma sensación que me dejó otro de sus libros, Lo que permanece, aunque no es el único que me ha dejado esa impresión y algunos de los problemas que remarco aquí los veo en otros de sus libros. Por todo eso, creo que es el momento de que Andrea Tomé y yo separemos nuestros caminos.

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